Mis ojos se pueblan con tus lunas,
en las manos me desbordan
soles y crisantemos.
Tu sombra ilumina mi penumbra,
de tu nombre germinan las palabras
nuevas, como retoños bajo escarcha.
Mi amor, es tu lluvia sobre mi alma
temores que convierten el tiempo
en fruta amarga y miel,
porque en tu talle quisiera acontecer
y amándote lejano, acaso, no te hallara.
Los brazos dolerían como cruces
aves inútiles, sin alcanzar tu aurora,
huérfanas poesías deshojadas
sin el prisma de tus ojos serían...
invierno estéril sin tu mano delicada
refugiada en el hueco de la mia.
Sueños de invierno que regresa
a la constelación boreal en donde habitas.
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