,
Muñequita de trapo
maleable y blanda
como la greda del territorio
de tu nacimiento.
Sentadita en la butaca gigantesca
del vagón
tu cabellito lacio
vestía tu inocencia de soledad,
lloviendo sobre ese rostro que, apenas,
tiene mi gesto
ya perdido en las afueras de mi infancia.
Tu boquita
era pequeña como una "o" minúscula
de una grafía de escuela primaria.
Y tus ojos
se perdían, tratando de descifrar
ese tránsito extraño hacia el andén
de nuestras despedidas diferentes.
Hija mia
un día, tal vez. Algún día
ya no trepiden los trenes
en el silencio somnoliento
de cada fin de semana.
Un día, tal vez. Algún día
podré contarte como a una vieja amiga
que el corazón es extenso;
más extenso y ancho que la vida
y puede repartirse
multiplicándose como la primavera
para dar vida y calor
a especies diferentes
y lejanas.
Un día será posible, acaso
poder explicarte
que el corazón también se empequeñece
a golpes
para latir después por una sola razón
que lo domina
olvidando el resto de las gentes
y las horas.
Quizás pueda contarte
que el amor es más perfecto aún
cuando prefiere la distancia que duele
a la mentira
que suele hacer un daño
silencioso y mordaz.
Sucede que, estas cosas
asoman claramente
como un amanecer boreal
luego de una larga vigilia
en los enconos lascerantes
de una larga noche
debidamente soportada.
Pero al fin, amanece...
Y mientras tanto
es preciso transcurrir
entre despedidas y reencuentros.
Hija mia. Muñequita de trapo.
Botitas únicas
por mi desnudez para atenderte.
Cuando esos piecitos
sean cadencia en el adulto sendero
quien sabe,
podré contarte que me sucedía hoy ( ahora)
si aún es tiempo
y no me sorprende
una muerte prematura.
Hay una anotación que dice: " Transcripto del original el día 22 de octubre de 1992 en Andeville ( Francia) a 40.km de Paris.
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